Una visión diferente

En 2019 recibí una de las becas del Desafío Fotográfico Illas Cíes y, sin saberlo, lo que estaba aceptando era una invitación a volver al origen. A ese lugar donde la fotografía aún tenía algo de truco, de ilusión, de magia. A cuando nos engañaban con juegos ópticos, con gafas especiales, con técnicas que superponían dos imágenes y abrían una puerta a otra dimensión.

Siempre me ha fascinado esa forma primitiva de mirar: la posibilidad de que, al unir dos realidades, aparezca una tercera. Algo que no estaba, pero que nace justamente del encuentro. Y quizá por eso este proyecto me tocó tan de cerca: porque habla de aprender a ver desde otro lugar.

Con esa idea viajé a las Illas Cíes. Caminé la isla con la intención de dejarme sorprender, de no dar nada por sentado, de permitir que la técnica —esa antigua “magia”— guiara la forma de mirar. Jugué con la superposición de imágenes, con la luz, con las sombras, con la manera en que el mar y la niebla transforman los rincones más pequeños sin pedir permiso.

Es un territorio que respira. Que se mueve. Que cambia la historia cada pocas horas.

Y yo solo traté de acompañarlo.

El resultado es una serie que busca transportar al espectador a este lugar diminuto y, al mismo tiempo, inmenso. Fotografías hechas para sentir sin estar, para entrar en la imagen como si fuera un refugio, para dejarse llevar por esa dimensión extra que aparece cuando la mirada decide entregarse del todo.

Illas Cíes me enseñó que a veces basta un pequeño truco —una superposición, un desplazamiento mínimo— para ver algo que siempre estuvo ahí, esperando que alguien lo mirara de otra manera.

Para verlas de verdad y transportaros hasta allí, hay que poner se unas gafas de 3D.

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Proyecto Islas Cíes